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La Coctelera

polinilla

15 Junio 2006

Bruce ha estado con nosotros 2ª parte

Bruce ha estado con nosotros
2ª parte
La operación tuvo éxito según lo esperado, Don Pedro y su equipo estaban muy satisfechos, ahora solo quedaba dar tiempo a que el cuerpo frágil de Lisa recuperara fuerzas.
Pasaron varias semanas; Lisa no hacia progresos Don Pedro no entendía la razón. Había seguido todas las pautas que le habían dictado los resultados de sus estudios, repitió todos y cada uno de los pasos, volvió a repasar los cálculos. Todo parecía correcto, sin embargo en algún punto había un error que no era capaz de ver.
Se desesperaba viendo a la niña enferma todavía.
Lisa aunque no había mejorado tras la operación no estaba tan preocupada como su padre.
Todos los días recibía la visita de Bruce que tras la ventana pasaba horas haciéndole compañía y siempre la sorprendía con sus juegos.
Ese día llego mas pronto. En una de sus grandes manos traía una caja dorada y con la otra sujetaba una docena de globos de todos los colores. Dejo la caja en el suelo y los globos al lado de ella suspendidos en el aire como si un cordel invisible los retuviese impidiéndoles perderse en las alturas. Esto hubiera extrañado en otro lugar pero en Laluna no sorprendía a nadie, a Lisa desde luego no; ni tampoco a la caterva de chiquillos que esperaban ansiosos las maravillas de Bruce.
Abrió la caja y en un instante y como si las impulsase un resorte salieron de ella tres conejos haciendo piruetas, iban envueltos en ropas de vistosos dibujos y calzaban zancos lo que hacia que las piruetas y saltos fueran espectaculares. Detrás de ellos aparecieron una oca bailando el twist, un ratón cantando con voz chillona y una vendedora de helados de cacahuete que no paraba de ir de un sitio a otro ofreciéndolos. Mas tarde saco Bruce de la caja un aro y colocándoselo en sus hombros dejo que los niños se colgaran de él y girando sobre si mismo se convirtió en un original tiovivo.
Lisa se divertía de lo lindo siendo espectadora de aquel improvisado circo que ningún día faltaba a su cita con ella.

Un día Tina, Alfre y Quique acompañaron a Bruce a visitarla y se impresionaron al verla al otro lado de la ventana postrada en una cama rodeada de extraños aparatos destinados a devolverle la salud. No sospechaban que ese era el gran misterio de la casona.
Pidió Lisa a su padre que les dejara pasar dentro de la casa y este no dudo en complacerla. Cualquier cosa que la hiciera feliz era bienvenida.
Abrió la puerta y les dejo entrar. Al ver a Bruce creyó que era uno de ellos que venia disfrazado.
En lo que se refería a su salud física Lisa no experimento mejoría, pero se la veía contenta y sonreía después de mucho tiempo sin hacerlo, sin duda la compañía de Bruce y los muchachos le hacia mucho bien. Don Pedro no era ajeno a ello y estaba muy agradecido.
No pensó que nunca debiera lamentarlo, hasta que una mañana sorprendió al
“ niño disfrazado” curioseando entre sus papeles.
Se enfado y airado lo cogió de un brazo apartándolo bruscamente de aquellos documentos tan preciados y necesarios, pero ya era tarde pues era evidente que no solo los había traspapelado si no que se había atrevido a garabatear en algunos.
La desesperación del hombre fue tanta que le costo darse cuenta de que lo que sujetaba con fuerza no era un disfraz. Quiso gritarle, recriminar su acción pero de su garganta solo salió un quejido de dolor por lo sucedido y después se dejo caer en una silla frente a la mesa con la mirada perdida entre cifras, números y formulas.
Detrás de él Bruce con un leve susurro y alargando la mano señalo un papel colocado encima del resto. Don Pedro Ávila miro sin comprender pero unos segundos después su semblante cambió visiblemente. No lo podía creer. Hizo una comprobación e inmediatamente poniéndose de pie de un salto abrazo a Bruce.
Salió de la estancia y no tardo en regresar con uno de sus colaboradores, tras explicarle lo sucedido los dos hombres se felicitaron mutuamente.
No comprendían como habiendo empleado todos sus conocimientos habían cometido aquel error de calculo que sin embargo ahora veían tan claro.
¿ De donde había salido aquella criatura que tan milagrosamente les había mostrado el fallo?
Era tanta la alegría que ahora solo pensaban en operar de nuevo a Lisa cuanto antes.
Cuando días mas tarde despertó Lisa de la operación vio el rostro de su padre que la miraba con cariño.
Al lado de la cama también se encontraban sus amigos. Una mano cálida tocó la punta de su nariz a la vez que le guiñaba un ojo y ella sonrió a Bruce y extendiendo sus brazos rodeo su gran corpachon.
Lisa sintio la suavidad de peluche de su querido amigo y la ternura que emanaba de su interior.

En poco tiempo Lisa recobro su salud de una forma absoluta y sorprendente. El sol, el aire, el contacto con la naturaleza y la compañía de sus amigos hizo que el deseo anhelado por su padre por fin se hiciera realidad.
Lisa acudía al colegio como cualquier otro niño y jugaba y era feliz como deben serlo todos los niños.

...en ese momento las calles del pequeño pueblo estaban desiertas y nadie le vio marchar. Marcho rodando porque esa era su forma normal de desplazarse.

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